Una casa de pescador abandonada en un pueblo de la Costa Dorada.
Nadie entró en la casa en 30 años, lo que nos permitió recuperar muchos objetos y textiles intactos. Los queriamos reutilizar para poder devolver a la casa su personalidad.
Todo encajo : el suelo contemporaneo sirvió de lienzo para colocar objetos anticuados pero muy prácticos, las paredes se rehicieron a la cal de forma tradicional, la barra se vistió de cerámicas de un lote olvidado en un almacén, las telas tuvieron las medidas exactas para hacer cortinas, y todo lo que faltó se encontró en una zona de máximo 30 km alrededor.
Una reforma km0, sostenible, y con mucho poder evocador.